El cambio climático se está convirtiendo rápidamente en uno de los mayores desafíos para la industria global de los maratones, obligando a organizadores, atletas y ciudades anfitrionas a replantear la manera en que se celebran las pruebas de resistencia en un mundo cada vez más cálido.
Desde el aumento de las temperaturas y la humedad hasta el deterioro de la calidad del aire y la mayor frecuencia de fenómenos meteorológicos extremos, la fórmula tradicional de algunas de las carreras más emblemáticas del mundo está bajo creciente presión. Lo que antes se consideraban condiciones excepcionales para correr un maratón se está volviendo cada vez más habitual, generando preocupación sobre la seguridad de los atletas, la logística de las carreras y su viabilidad a largo plazo.
La conversación se ha acelerado significativamente en los últimos años, después de que varias grandes carreras registraran condiciones climáticas inusualmente difíciles, mientras científicos e investigadores deportivos continúan advirtiendo que la ventana de temperaturas ideales para correr maratones se está reduciendo a nivel mundial.
Para los corredores de élite, las consecuencias son inmediatas. Las altas temperaturas aumentan el estrés cardiovascular, el riesgo de deshidratación y la fatiga, además de afectar negativamente el rendimiento. Para los corredores amateurs, que representan la gran mayoría de participantes en maratones en todo el mundo, los riesgos para la salud pueden ser aún mayores, especialmente durante periodos prolongados de calor y humedad.
Como resultado, los organizadores se están viendo obligados a adaptarse. Los horarios de salida más tempranos son cada vez más comunes, con algunas carreras comenzando antes del amanecer para evitar las horas de mayor calor. Otras están evaluando trasladar sus fechas más hacia el otoño o principios de primavera para mantener condiciones más seguras.
El tema alcanzó relevancia global durante los Juegos Olímpicos de Tokio, cuando los organizadores trasladaron el maratón de Tokio a Sapporo debido a las preocupaciones por el calor extremo del verano. La decisión evidenció cómo las consideraciones climáticas ya están influyendo directamente en la planificación de grandes eventos deportivos al más alto nivel.
Más allá del calendario, la infraestructura de las carreras también podría necesitar evolucionar. Los organizadores estudian cada vez más la incorporación de estaciones adicionales de hidratación, zonas de enfriamiento, áreas con sombra y sistemas médicos reforzados como requisitos operativos estándar y no simplemente como medidas opcionales.
La calidad del aire también está emergiendo como una preocupación creciente. Los incendios forestales y los episodios de contaminación son cada vez más frecuentes en varias regiones que albergan regularmente pruebas de resistencia. Para los corredores que someten su sistema cardiovascular a un esfuerzo extremo durante 42 kilómetros, una mala calidad del aire puede aumentar significativamente el riesgo de problemas respiratorios y otros efectos sobre la salud.
El creciente desafío climático también está acelerando la innovación en la industria del rendimiento deportivo. Los atletas de élite están invirtiendo más en programas de adaptación al calor, tecnologías de enfriamiento y estrategias avanzadas de hidratación, mientras las marcas deportivas continúan desarrollando materiales más ligeros y transpirables diseñados para competir en condiciones más cálidas.
Al mismo tiempo, la sostenibilidad se está convirtiendo en un elemento cada vez más central en la operación de los maratones. Muchas carreras están introduciendo medidas para reducir residuos, limitar el uso de plásticos de un solo uso, mejorar el acceso al transporte público y disminuir la huella de carbono asociada a la logística de los eventos.
Para los organizadores, el desafío ya no consiste únicamente en ofrecer una experiencia exitosa el día de la carrera. Ahora se trata de garantizar que los maratones puedan seguir celebrándose de forma segura y sostenible en un entorno climático en rápida transformación.
El calendario de maratones del futuro podría verse muy diferente al actual. Algunas ciudades podrían dejar de ser adecuadas para albergar carreras en sus temporadas tradicionales, mientras que destinos con climas más frescos podrían ganar protagonismo entre organizadores y corredores.
Lo que ya está claro es que la adaptación climática ha dejado de ser una conversación sobre el futuro de los deportes de resistencia. Se está convirtiendo en una necesidad operativa.
















